
Hoy volveremos a nuestro restaurante favorito. El camarero te saludará con la confianza que dan tantos años de trato, aunque esta vez tampoco lo reconocerás. Observarás la carta sin saber qué pedir. Hace tiempo que apenas distingues sabores, pero yo me empeño en traerte todos los domingos, como siempre, desde que nos conocimos. Te sugeriré las lentejas viudas que tanto te gustaban y la lubina al horno. Tú pedirás un Rioja y yo seré incapaz de impedírtelo. Aunque el médico te ha prohibido el alcohol, ¿qué daño puede hacerte ya un vasito a la semana? Alzarás la copa y brindarás por nosotros. Durante un instante me parecerá que sigues siendo tú. Cuando lleguemos al postre, me tomarás de la mano y me preguntarás si tengo marido. Y yo, como cada domingo, te mentiré conteniendo las lágrimas.
Autor: Ernesto Ortega, de Madrid
Foto de cabecera de stockgiu en Freepik
