I.G.P. Lenteja de Tierra de Campos

Finalista: «Cómo odiaba los viernes»

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Los viernes, hiciera frío o calor, lloviera o rajara el cielo, mi madre ponía lentejas. El día más feliz de la semana se estrellaba siempre contra la misma olla: un sol marrón en aquella cocina de Extremadura. Yo las odiaba como sólo odian los niños, sin saber que algún día se me harían sagradas.
A los diez años me especialicé en resistencias inútiles: escondía los granos, levantaba murallas con migas de pan, fingía huelgas de hambre que duraban hasta la cena. Nunca gané. Una tarde el sueño me emboscó y desperté con la cara hundida en el plato, la nariz sembrada de perdigones. Mi madre me sostuvo la cabeza, me limpió en silencio y me besó la frente como si me rescatara del fondo del plato.
Años después supe que Esaú vendió a Jacob su primogenitura por un plato de lentejas y entendí que lo valioso no era el título de hermano mayor, sino la mano que te pone el plato delante sin guardarse lo mejor. Daría todo lo que he conseguido por oírla de nuevo, un viernes cualquiera, alzar la voz desde la cocina: «Venga, que se enfrían». Y llegar tarde a propósito, sólo para volver a pedirle perdón.

Autor: Diego Polo Román, de Hernani (Gipuzkoa)

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