
Hoy tengo miedo.
¡Agárrame de la mano, por favor!
No me sueltes a la deriva de una incertidumbre segura.
Dime que me seguirás buscando y te seguiré encontrando.
No me digas lo que ya sé, que uno despedirá al otro, pero dime que llegaremos al final entrelazados y susurrando tiernas palabras.
Dime que nuestras cabezas serán canosas y tendremos piernas torpes, pero que las manos cansadas seguirán amasando pan y guisando lentejas, que nuestras almas estarán llenas de abrazos, de besos, de tardes con chocolate, de amaneceres limpios y atardeceres rojos.
Dime que el que se vaya, lo hará sintiendo el aliento, la fuerza y el infinito amor del otro.
Dime que el que se quede, tendrá motivos para continuar y no se dejará vencer por la negra tristeza de los corazones rotos.
Dime que cada palabra que pronunciamos nos conduce a otra y a otra, formando esa bella prosa de una vida vivida.
Pero no me digas que cada paso que damos nos lleva, sin remedio, a ese descarnado final que hoy no quiero mirar.
Simplemente dime, que ese camino que nos queda lo recorreremos con la dulzura de una esperanza limitada, y juntos, siempre juntos.
Autora: Beatriz Ceballos Gregorio, de Bilbao (Bizkaia)
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